El Divorcio

Un factor de vital importancia en la formación y el sano desarrollo del ser humano, es sin lugar a dudas la familia; la cual se fundamenta en el matrimonio, sin embargo, debido a la interacción de múltiples factores cada vez cuesta más mantener un matrimonio estable y duradero, hoy en día mucho de ellos terminan en divorcio...

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Paradójicamente, mientras para algunos, no es fácil reconocer su "fracaso" y por ello insisten casi irracionalmente en una relación destructiva y frustrante; en el caso de las mujeres en particular el sentirse incapaz de educar y asistir a sus hijos sola es un factor determinante para rechazar la posibilidad de divorcio; el soportar "todo" por sus hijos para que crezcan con un padre al lado. Son algunos de los paradigmas que encadenan en una relación que progresivamente va consumiendo a los involucrados. Otros por el contrario, los más jóvenes usan el matrimonio para resolver problema o para contrarrestar sus desasosiegos y se casan sin la seguridad de que su pareja va a ser la definitiva, convencidos que si las cosas no marchan bien, la primera puerta de escape es el divorcio.

Lo cierto es, que en algunas circunstancias el divorcio puede ser una medida necesaria, cuando la relación de pareja se ha tornado demasiado conflictiva y hasta violenta, teniendo graves repercusiones sobre los hijos, y habiéndose agotado todos los recursos por solucionar la situación.

No obstante en algunos casos, es la solución a la problemática de pareja, el divorcio implica pérdida de los sueños, vivencias, sentimientos, proyectos y metas compartidas que dieron inicio a la relación; como toda pérdida trae consigo bajo autoestima y sentimientos intensos como miedo, culpabilidad, tristeza, ira, angustia, dolor... pero a su vez también oportunidades de crecimiento, aunque cueste comprenderlo en ese momento.

El dolor que se produce con la disolución de la pareja es inevitable, aún en la persona que desea el divorcio. Si la separación se realiza pacíficamente y basada en una decisión madura, resulta ser menos dolorosa y es posible que con el tiempo después de haber superado su duelo, puedan rehacer sus vidas sin que el pasado intervenga.

Cada pareja tiene diferentes motivos para optar por vivir separados; la forma como se dé este proceso de separación puede ser rápido o, por el contrario, muy lento, precedido de una larga etapa de discusiones violentas o silencios penosos. Sea cual fuere la forma como se realice el divorcio, dentro de él existe otra situación a la que muchas veces no se le da la importancia suficiente y que requiere de un adecuado manejo para sobrellevarla, y es la vivencia que los hijos están teniendo de la separación.

Es normal y frecuente que los hijos se pregunten ¿Tengo yo la culpa? ¿Se dejaron de querer por mí? ¿Puedo ayudar en algo? ¿Qué puedo hacer para que vuelvan a vivir juntos, a quererse? Si me quiere ¿Porqué se ha ido? ¿Qué será de mí? ¿Cómo va a cambiar ahora mi vida?. Cuando ocurre un divorcio, los hijos experimentan su propio duelo, por la pérdida de la vida familiar con los padres juntos y por todo lo que esto implica. Los hijos pueden experimentar sentimientos de culpa por la idea de que ellos pudieron ser los responsables de la separación de sus padres, en muchos casos percepción justificada debido a que uno o quizá ambos padres, para evadir responsabilidad, señalan a sus hijos "con tu comportamiento hiciste que tu papá o mamá se fuera". También pueden sentir cólera o rechazo ante sus padres por lo que injustamente están viviendo, así como impotencia por no poder hacer nada para evitarlo y, por supuesto tristeza ante todo lo que están presenciando. Otros pueden mostrar rebeldía frente a la autoridad, fallas de diferente magnitud en la escuela, o pueden encerrarse en sí mismos como parte de un mecanismo de defensa contra el daño que les produce la separación. No todos reaccionan de la misma manera, depende fundamentalmente de sus características personales y de cómo estén manejando la situación de separación lo padres.
Es necesario comprender que con el divorcio los esposos dejan de serlo; viven en distintas casas, pueden tener relaciones afectivas con otros adultos; pero siguen siendo los padres de los hijos que tuvieron juntos. Ellos se convierten en exesposo, exesposa, pero el divorcio no los convierten en "expadres".

Los estudios demuestran, que es preferible para el equilibrio emocional y el sano desarrollo de los hijos, unos padres separados pero felices a unos padres que viven juntos pero peleando, sin llevar ninguna relación de amor. Con el tiempo ellos llegarán a entenderlo, si es manejado asertivamente, incluso podrán asumirlo como una experiencia más de su vida que los hará crecer como personas. Sin embargo, para que esto suceda, es fundamental considerar algunas recomendaciones básicas: Es de suma importancia no utilizar a los hijos como elementos de venganza, manipularlos, ignorarlos como personas, reduciéndolos a la calidad de objetos; mostrar respeto hacia la figura de su expareja; dialogar, manteniendo una actitud serena, explicar sinceramente (sin detalles dolorosos) lo que está sucediendo, el porque, sin culpar a nadie, mucho menos a los hijos porque puede afectarlo severamente. Además debe permitirle expresar sus sentimientos ante el divorcio cuando así lo desee y comprenderlo, exprésele sus sentimientos para que sepa lo que sus padres están sintiendo y manifiéstele que toda esta situación por más dolorosa que sea es por el bienestar de todos; fortalezca la relación con sus hijos, buscando momentos para compartir y no limitar la relación al aspecto material.

No deseo dar un recetario, porque no existen recetas mágicas que solucionan todos los problemas; cada caso es único así como la forma de resolverlo, pero sí algunas sugerencias con las cuales es posible superar esta difícil situación junto a sus hijos.

Es significativo que las personas involucradas en el divorcio sepan que, a pesar de lo difícil del proceso, este es transitorio y, tengan la certeza de que las cosas van a mejorar, van a poder superarlo y reconstruir sus vidas, tanto ellos como sus hijos. Si se le trasmite esto a los hijos aliviará muchas de las angustias y temores que enfrentan en este período.

El divorcio es un final de interminables discusiones, de violencia, incomprensión, frialdad, desamor, ... y un inicio a la reconstrucción de nuevas condiciones de vida, a una nueva organización y dinámica familiar, renovadas relaciones consigo mismo y con los demás, esperanza hacia el futuro. Es posible que experimenten un crecimiento personal, producto de este proceso.

Con el divorcio los excónyuges, no tienen porque verse como enemigos; por la salud mental y psicológica propia y de sus hijos deben tratar de retomar el grado de amistad que tuvieron antes o durante el matrimonio, de respetar al otro por ser padre o madre de sus hijos y educar juntos con amor y responsabilidad a los mismos. Esto demostrará la madurez con la cual se ha asumido la separación.
Indudablemente cambia la vida de cada uno de los miembros de la familia, de cómo cambie dependerá la actitud con que se asuma. Si cada uno en la familia se esfuerza para comprender, para madurar y para probar nuevas formas de quererse, de convivir, de ser felices, aunque no vivan juntos. Es posible construir nuevas relaciones familiares menos típicas, pero perfectamente funcionales para el desarrollo afectivo de cada una de las personas.
#Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com

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